ISP alerta por inyectables ilegales para bajar de peso vendidos en redes sociales: reportes adversos por semaglutida suben 44%
El Instituto de Salud Pública advirtió sobre un aumento en la oferta digital de soluciones inyectables sin registro sanitario que prometen bajar de peso y que incluso se promocionan como productos con semaglutida. La alerta coincide con un incremento de 44% en las notificaciones de sospechas de reacciones adversas asociadas a este principio activo entre 2025 y 2026, con una fuerte concentración entre mujeres adultas.
Prometen bajar de peso con rapidez, circulan por redes sociales y se ofrecen como si fueran una alternativa equivalente a medicamentos cuya demanda ha crecido con fuerza durante los últimos años. El problema es que, según advirtió este lunes el Instituto de Salud Pública, parte de esas soluciones inyectables no cuenta con registro sanitario y puede llegar a manos de personas que terminan autoinyectándose productos cuyo origen, composición, esterilidad y condiciones de almacenamiento simplemente no pueden verificarse.
La alerta surge en un momento particularmente sensible para el mercado de medicamentos vinculados al control de peso. La Agencia Nacional de Medicamentos, ANAMED, informó que ha tomado conocimiento de la oferta y venta mediante medios digitales de soluciones inyectables que prometen contener semaglutida, principio activo perteneciente a la familia de agonistas del receptor GLP-1. El ISP llamó expresamente a no adquirir estos productos fuera de farmacias o canales electrónicos autorizados y advirtió que comprar medicamentos por redes sociales, mensajería, portales de anuncios o sitios sin autorización sanitaria no constituye comercio electrónico legal de medicamentos.
La preocupación, sin embargo, no se limita a los productos ilegales. Los registros de farmacovigilancia del propio ISP muestran además que las sospechas de reacciones adversas asociadas a semaglutida aumentaron 44% entre 2025 y 2026, una cifra que obliga a separar dos problemas distintos, pero conectados: por una parte, el uso de medicamentos autorizados que requieren seguimiento profesional y, por otra, la circulación de productos ilegales cuya composición real puede ser desconocida.
Un producto que puede decir semaglutida sin que nadie pueda garantizar qué contiene
Juan Roldán, jefe de la Unidad de Farmacovigilancia y Estudios Clínicos de ANAMED, puso el foco precisamente en ese riesgo. Según explicó el ISP, cuando una persona compra por internet un producto ilegal que promete bajar de peso queda expuesta a una serie de incertidumbres que no existen en un medicamento autorizado: no sabe con certeza qué contiene, dónde fue elaborado, si fue producido en condiciones estériles ni cómo fue almacenado antes de llegar a sus manos.
Ese punto es especialmente relevante tratándose de soluciones inyectables, porque la vía de administración agrega una exigencia adicional de esterilidad y seguridad. Un comprimido ilegal ya representa un riesgo porque no existe garantía sobre su contenido; un producto que además debe atravesar la piel incorpora preguntas adicionales sobre contaminación, manipulación y condiciones de fabricación.
Jorge Canales, jefe del Departamento ANAMED del ISP, advirtió que la preocupación aumenta después de Fiestas Patrias, período en que muchas personas buscan fórmulas rápidas para perder peso. Según señaló la autoridad, el uso de productos inyectables obtenidos por redes sociales puede generar eventos adversos serios e incluso provocar la muerte cuando no existe seguimiento adecuado por parte de un profesional de la salud.
La advertencia no significa que la semaglutida autorizada sea ilegal o que deba ser demonizada. El problema está precisamente en no confundir un medicamento con registro sanitario, cuya calidad, seguridad y eficacia han sido evaluadas, con una solución comprada fuera del circuito regulado que utiliza el nombre de un principio activo conocido como argumento comercial.
1.324 reportes asociados a semaglutida desde 2020
El ISP informó que su Sistema de Vigilancia Integrada acumula 1.324 reportes de sospechas de reacciones adversas asociadas a semaglutida entre 2020 y agosto de 2026.
La distribución muestra una fuerte concentración entre mujeres. El 75,9% de las notificaciones correspondió a pacientes femeninas, mientras que el 72,1% del total involucró a personas de entre 18 y 64 años. La combinación más frecuente fueron mujeres adultas, con 790 casos, equivalentes al 59,7% de todas las notificaciones registradas.
En ese subgrupo, la indicación más reportada fue sobrepeso, seguida de resistencia a la insulina.
El dato necesita contexto. Una notificación de sospecha de reacción adversa no demuestra por sí sola que el medicamento haya causado el evento reportado ni permite calcular directamente la frecuencia con que ocurre entre todas las personas tratadas. La farmacovigilancia funciona precisamente recogiendo señales que luego deben analizarse para identificar patrones de seguridad que podrían requerir nuevas advertencias, estudios o medidas regulatorias.
Aun con esa precaución, el aumento observado por el ISP durante los últimos dos años resulta suficientemente relevante como para justificar el llamado a la prudencia, especialmente porque la indicación de semaglutida para bajar de peso fue aprobada en Chile recién en febrero de este año.
Cuarenta reportes fueron considerados serios
De los 1.324 reportes registrados desde 2020, 40 fueron clasificados como serios, equivalentes al 3% del total.
Entre ellos aparecen ocho notificaciones de vómitos, seis de pancreatitis aguda, un caso de colecistitis y uno de colelitiasis. Respecto del motivo por el cual había sido indicada la semaglutida en esos casos serios, la información fue desconocida en 14 reportes, diabetes mellitus en ocho y “bajar de peso” en seis.
Las cifras vuelven a mostrar por qué la discusión no puede reducirse a considerar estos medicamentos como una herramienta estética. Los agonistas GLP-1 forman parte de tratamientos que requieren evaluación clínica, indicación adecuada, control de dosis y seguimiento de eventuales efectos adversos.
Ese acompañamiento profesional se vuelve todavía más importante cuando el crecimiento de la demanda convive con publicidad en redes sociales, recomendaciones de influencers, ventas informales y productos que pueden utilizar el prestigio de nombres como semaglutida sin tener ningún respaldo regulatorio.
Redes sociales no son una farmacia
El ISP ha reiterado una regla que adquiere particular importancia en este escenario: la venta de medicamentos mediante redes sociales, portales de anuncios, mensajería instantánea, foros o plataformas de dudoso dominio no corresponde a comercio electrónico autorizado de medicamentos.
En Chile, el expendio electrónico sólo puede realizarse desde farmacias o almacenes farmacéuticos autorizados y debe existir una resolución sanitaria visible en la plataforma utilizada. Además, la operación debe ser visada por un químico farmacéutico y el establecimiento conserva la responsabilidad sanitaria sobre la dispensación y el transporte.
La diferencia puede parecer administrativa, pero es sanitaria. Comprar desde el sitio autorizado de una farmacia significa que existe un establecimiento identificable, un director técnico, trazabilidad del producto y condiciones mínimas de almacenamiento y despacho. Comprar por una cuenta anónima en redes sociales elimina prácticamente todas esas barreras.
El propio ISP considera falsificados, para efectos sanitarios, los medicamentos que han sido fabricados, importados, distribuidos o vendidos por personas o lugares no autorizados, precisamente porque no es posible garantizar su calidad, seguridad o eficacia. Ispch
La fiebre de los GLP-1 también abrió un mercado ilegal
La irrupción de semaglutida y otros medicamentos de esta familia ha transformado el tratamiento de diabetes y obesidad, pero también creó una demanda comercial extraordinaria que comenzó rápidamente a extenderse fuera del circuito sanitario.
Chile ya había enfrentado señales de ese fenómeno. En noviembre de 2025, el ISP emitió una alerta por productos promocionados como “Patches GLP-1”, mientras que durante 2026 ha continuado identificando productos sin registro sanitario comercializados a través de canales informales.
No se trata únicamente de copias visuales de medicamentos conocidos. En el mercado ilegal pueden aparecer soluciones preparadas artesanalmente, sustancias distintas de las declaradas, productos almacenados sin condiciones adecuadas o formulaciones cuyo origen simplemente no puede determinarse.
Y mientras aumenta la popularidad de los tratamientos para bajar de peso, aumenta también el valor comercial de prometer el mismo resultado sin receta, sin consulta y muchas veces a menor precio.
Ahí está precisamente el terreno donde una tendencia sanitaria comienza a convertirse en oportunidad para el comercio ilegal.
Semaglutida autorizada y producto ilegal no son lo mismo
En mayo, el ISP ya había entregado antecedentes sobre la situación regulatoria de la semaglutida en Chile, explicando que los productos autorizados deben pasar por una evaluación destinada a acreditar calidad, seguridad y eficacia antes de ser distribuidos. La autoridad también señaló que las solicitudes de productos genéricos de semaglutida de origen químico requieren una revisión completa debido a las diferencias respecto de la formulación original.
Esta distinción resulta central para una discusión pública que muchas veces mezcla categorías distintas.
Una cosa es evaluar el perfil de seguridad de semaglutida como principio activo.
Otra es analizar una sospecha de reacción adversa asociada a un medicamento autorizado.
Y otra muy distinta es inyectarse un producto comprado en redes sociales que afirma contener semaglutida, pero cuya composición no puede ser comprobada.
Confundirlas puede terminar generando dos errores opuestos: crear alarma injustificada sobre medicamentos autorizados o, por el contrario, otorgar una apariencia de legitimidad farmacéutica a productos que nunca han sido evaluados.
El desafío ya no es sólo controlar el medicamento, sino también dónde aparece
La alerta del ISP vuelve a instalar un problema que el crecimiento del comercio digital está haciendo cada vez más evidente. La regulación tradicional fue construida para vigilar laboratorios, distribuidores y establecimientos físicos, pero hoy un producto ilegal puede aparecer en una historia de Instagram, llegar mediante mensajería privada y desaparecer de una cuenta pocas horas después.
La venta informal de medicamentos no nació con las redes sociales, pero las plataformas digitales ampliaron su capacidad para encontrar compradores, segmentar audiencias y circular más rápido que los mecanismos tradicionales de fiscalización.
Ese escenario obliga también a distinguir entre e-commerce farmacéutico regulado y comercio digital ilegal. No todo lo comprado por internet es clandestino, del mismo modo que estar disponible en una plataforma digital no convierte automáticamente un producto en medicamento autorizado.
La diferencia está en quién vende, desde qué establecimiento, bajo qué autorización y con qué responsabilidad sanitaria.
Adelgazar rápido puede convertirse en un negocio demasiado fácil
La semaglutida se convirtió en uno de los símbolos de una nueva generación de terapias capaces de producir reducciones de peso clínicamente relevantes en pacientes correctamente seleccionados. Ese avance ha generado expectativas enormes y, al mismo tiempo, un mercado donde la promesa de adelgazar con una inyección resulta extraordinariamente atractiva.
Precisamente por eso la advertencia del ISP va más allá de una campaña contra productos falsificados.
El problema comienza cuando la búsqueda de una solución rápida elimina todas las preguntas que deberían venir antes de una inyección: qué producto es, quién lo fabricó, qué dosis contiene, quién lo indicó, cómo fue almacenado y quién responderá si algo sale mal.
En una farmacia autorizada esas preguntas tienen responsables identificables. En una cuenta de redes sociales, muchas veces sólo queda un nombre de usuario.
La pérdida de peso puede ser una indicación médica legítima y la semaglutida puede formar parte de ese tratamiento cuando corresponde. Pero una promesa escrita en una publicación digital no transforma una solución desconocida en medicamento.
Esa diferencia, que parece elemental, puede terminar siendo la distancia entre un tratamiento supervisado y un riesgo sanitario que nadie está en condiciones de dimensionar.

