Minsal pone la trazabilidad de medicamentos en el centro de su nueva agenda digital
El Ministerio de Salud incorporó un sistema de seguimiento de medicamentos entre siete proyectos estratégicos de transformación digital. La iniciativa parte en etapa de diagnóstico y se suma a un piloto iniciado este año por el ISP y Casa de Moneda para evaluar trazabilidad desde la producción hasta la venta.
Saber dónde está un medicamento, por dónde pasó y qué ocurrió con él antes de llegar al paciente parece una condición elemental para cualquier sistema sanitario moderno. En Chile, sin embargo, esa información todavía se encuentra repartida entre distintos actores, registros y plataformas.
El Ministerio de Salud quiere comenzar a cerrar esa brecha.
La cartera incorporó la Trazabilidad de Medicamentos como uno de los siete proyectos estratégicos que impulsará su nuevo equipo de Transformación Digital, cuya primera jornada de trabajo reunió a 45 profesionales encargados de diagnosticar brechas, priorizar necesidades y diseñar soluciones para modernizar el sistema sanitario.
El proyecto aparece junto a iniciativas de alto impacto como la Receta Digital Nacional, la Historia Clínica Compartida, la digitalización de las listas de espera, un nuevo Sistema Nacional de Inmunizaciones, el Mapa Sanitario y el futuro Portal Ciudadano de Salud Digital. El objetivo común es que estas plataformas puedan comunicarse entre sí y que la información esté disponible de forma segura y oportuna.
Para el mundo farmacéutico, sin embargo, hay una palabra que merece detenerse: trazabilidad.
Seguir al medicamento y no perderlo de vista
En términos simples, un sistema de trazabilidad permite seguir un medicamento a lo largo de su recorrido.
Puede abarcar información desde su fabricación o importación, paso por distribuidores y bodegas, llegada a establecimientos de salud o farmacias y, dependiendo del modelo que finalmente se adopte, incluso su dispensación.
No se trata solamente de saber cuánto stock existe.
Una trazabilidad efectiva puede ser relevante para identificar rápidamente lotes afectados por un retiro, reconstruir una cadena de distribución, detectar desvíos, reforzar la fiscalización o determinar dónde se encuentra un producto cuando aparece una alerta sanitaria.
El propio Minsal define por ahora el objetivo de manera general: “fortalecer el seguimiento de los medicamentos dentro del sistema”.
Y ese “por ahora” importa.
La iniciativa acaba de entrar en una etapa de levantamiento y diagnóstico. El Ministerio todavía no ha informado públicamente la arquitectura tecnológica definitiva, los actores que deberán integrarse, los plazos específicos de implementación ni las obligaciones que eventualmente tendrán farmacias, laboratorios o distribuidores.
Por eso, hoy estamos frente a una hoja de ruta, no a un sistema terminado.
El piloto que ya comenzó entre ISP y Casa de Moneda
La idea tampoco nace desde cero.
En enero de este año, el Instituto de Salud Pública (ISP) y Casa de Moneda anunciaron un piloto destinado precisamente a evaluar la viabilidad de un sistema integral de trazabilidad de medicamentos.
El acuerdo plantea estudiar alternativas tecnológicas y considerar las distintas realidades de quienes participan de la cadena farmacéutica, con una ambición amplia: avanzar hacia un seguimiento que pueda abarcar desde la producción hasta la venta.
Ese antecedente ayuda a entender que la trazabilidad dejó de ser solamente una discusión técnica.
Si el sistema logra desarrollarse, podría modificar procesos cotidianos dentro de laboratorios, droguerías, hospitales y farmacias. También podría cambiar la velocidad con que se ejecutan retiros de mercado o se investigan irregularidades en la distribución.
Pero queda una pregunta fundamental: ¿cómo se integrará ese piloto con el proyecto que ahora anuncia el Ministerio?
Receta electrónica y trazabilidad empiezan a encontrarse
El proyecto tampoco puede analizarse de forma aislada de la receta electrónica.
Chile ya cuenta con un Sistema Nacional de Receta Electrónica, diseñado para permitir que profesionales emitan prescripciones digitales y que pacientes puedan acceder a ellas desde una plataforma del Ministerio.
Cuando el sistema fue presentado, el propio Minsal destacó que permitiría fortalecer la trazabilidad y contar con información estandarizada y auditable para facilitar fiscalización y detección de alertas sanitarias.
Ahora ambas líneas aparecen dentro de la misma estrategia digital.
Una receta puede decir qué medicamento fue prescrito. Un sistema de trazabilidad puede indicar qué ocurrió con ese medicamento dentro de la cadena.
Cuando esas dos piezas comienzan a conversar, la digitalización deja de ser simplemente reemplazar papeles.
Pasa a convertirse en una infraestructura de información farmacéutica.
“Nuestro sector está en deuda”
La ministra de Salud, May Chomali, reconoció que el sistema sanitario ha avanzado con lentitud en esta materia.
“Creo que nuestro sector está en deuda: nos hemos demorado demasiado y los procesos han sido lentos”, sostuvo la ministra durante el inicio del trabajo del nuevo equipo de Transformación Digital, según informó el propio Minsal.
La conducción del equipo quedó a cargo de Cecilia Muñoz Varisco, profesional con más de 25 años de experiencia en el sector salud.
“Esta etapa comenzará con un diagnóstico de la situación actual y un trabajo coordinado entre los distintos equipos”, señaló Muñoz al Ministerio de Salud. Agregó que el objetivo inicial será identificar brechas y traducirlas en soluciones tecnológicas concretas para las personas y la red asistencial.
La diferencia entre una declaración política y un cambio real comenzará a medirse precisamente ahí: en cuántas de esas brechas logran transformarse en sistemas que efectivamente funcionen.
2030 aparece como horizonte

El Ministerio fijó una meta más amplia: avanzar hacia una interoperabilidad total al año 2030.
Eso supone que establecimientos, profesionales y pacientes puedan acceder de manera segura y oportuna a la información necesaria para la atención, sin que cada sistema permanezca encerrado en su propia plataforma.
La ministra Chomali ya había planteado durante su Cuenta Pública que, hacia 2030, la receta electrónica debería encontrarse plenamente implementada en todo Chile y contribuir a mejorar la trazabilidad de los medicamentos y reducir la falsificación.
La meta es ambiciosa.
Porque interoperar no significa solamente conectar bases de datos. También exige establecer estándares, responsabilidades, mecanismos de seguridad y reglas claras sobre quién puede consultar qué información.
En medicamentos, además, la operación involucra al menos a fabricantes, importadores, distribuidores, Cenabast, hospitales, farmacias y pacientes.
Cada actor habla hoy con sistemas distintos.
El desafío será conseguir que todos hablen el mismo idioma digital sin convertir el proceso en una nueva carga imposible de cumplir para los establecimientos de menor tamaño.
Qué puede significar para las farmacias
Para una farmacia, la trazabilidad no es una discusión abstracta.
Un retiro de mercado puede exigir identificar rápidamente una partida. Una alerta de falsificación puede requerir comprobar origen. Un problema de almacenamiento obliga a saber qué producto estuvo dónde y durante cuánto tiempo.
En una farmacia independiente, además, cualquier obligación tecnológica nueva tiene costos.
Software, lectores, integración de sistemas, capacitación y conectividad pueden convertirse rápidamente en una barrera si la regulación se diseña pensando exclusivamente en grandes cadenas o establecimientos hospitalarios.
Ese es un punto que el Minsal todavía deberá resolver.
La trazabilidad puede mejorar la seguridad sanitaria. Pero para funcionar, deberá ser técnicamente robusta y también operacionalmente posible para quienes están detrás del mesón.
Un proyecto con potencial, pero todavía en construcción
La incorporación de la trazabilidad farmacéutica entre las prioridades digitales del Ministerio es una señal relevante.
Pero no conviene confundir una prioridad con una implementación.
Por ahora existe un equipo, siete proyectos, una etapa de diagnóstico y un horizonte fijado hacia 2030. También existe un piloto previo entre ISP y Casa de Moneda que está evaluando alternativas para seguir medicamentos a lo largo de la cadena.
Lo que todavía falta conocer es probablemente lo más importante: cómo funcionará, cuánto costará, quién deberá conectarse y qué información seguirá realmente a cada medicamento.
La tecnología puede ayudar a encontrar una caja.
La política sanitaria tendrá que decidir qué información viaja con ella, quién la registra y quién responde cuando el rastro se pierde.
Ahí se jugará la verdadera trazabilidad.

